Pero desde aquí muestro mi agradecimiento a aquellos que hicieron que hoy el cielo cayera sobre nuestras cabezas (llovía que te jodes) y me hizo compartir taxi con una golfilla.
No supe (o no pude, o no quise, o yo qué se) aprovechar la ocasión, pero ahí estuve, que no es menos de lo que hacía Induráin.

Aaaaaayyyyyy Nicaraguaaaaaa, Nicaragüiiiiiitaaaaa.

